Dosmanzanas entrevista a Raquel Platero


Dosmanzanas entrevistó hace algunas semanas a Raquel (Lucas) Platero, feminista queer y voz imprescindible del movimiento LGTB alternativo. Raquel trabaja como docente, pero también escribe e investiga. Entre sus libros destacan “Herramientas para combatir el bullyng homofóbico” y “Lesbianas: Discursos y representaciones”.

A.- Te reivindicas del movimiento LGTB alternativo. ¿Cómo sobrevivir siendo políticamente incorrecta?

R.P.- Creo que ha llegado un punto en el que decir lo que opinas de algo, desde lo personal o incluso políticamente, se ha convertido en algo molesto para las voces oficiales del movimiento. Parece como si no tuviéramos derecho a disentir y tener nuestras propias opiniones, de manera que se toma como una amenaza no sé muy bien a qué.

Cuando estamos en el debate sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo, si cuestionabas el impacto que podía tener sobre quienes están en los márgenes la acusación es que estabas dando argumentos a la derecha para criticar el matrimonio. Cuando justo se aprobó, que ya no era el momento de hablar de esto porque era como si no pudiéramos disfrutar de un logro muy positivo y transformador. Y ahora mismo, por la misma razón, estamos condenados a un espacio de silencio, porque es un símbolo de libertad. Como si la gente activista no tuviera necesidad de una mirada crítica sobre cualquier demanda del movimiento LGTBQ, en especial sobre esta que se convirtió en un estandarte de una libertad, que por otra parte, está llena de trampas.

Creo que la única manera de sobrevivir a esta dictadura de “conmigo o contra mi” está en tener un espacio de opinión propia, otros sitios donde hacer activismo y debatir, y sobre todo contar con más gente que tiene ganas de hablar y reflexionar sin las ataduras que conllevan los compromisos políticos con partidos. Si no tengo ninguna deuda con un partido o con una formación política soy más libre para actuar como me parezca. Mi opinión no está comprometida de antemano. Las activistas y los activistas queer somos una minoría significativa que hacemos un trabajo muy importante de pensamiento alternativo, de querer pensarnos desde otro sitio. Por muy molesto que le parezca a quien sea. Creo que esta incomodidad “viene en el pack” de la tarea que nos proponemos.

Pienso en Paco Vidarte y en su libro “Ética Marica” y pienso que si él no incomodara a nadie, su trabajo no tendría sentido. Y menos mal que él se atrevió a usar otro tipo de escritura y particular mirada sobre el activismo. Estamos en deuda con él y con todas las personas que personifican una crítica activa y productiva.

A.- ¿Cómo valoras la actual situación del movimiento LGTB en el Estado español?

R.P.- Creo que vivimos un momento de complacencia política, en el que mucha gente se ha relajado y está pagando créditos políticos. De portarse bien y hacer mil comunicados de prensa sin ser muy incómodos. La demanda del matrimonio entre personas del mismo sexo fue una apuesta política que generó mucho rendimiento, a quienes estaban en contra, a quienes lo promovieron, a quienes hicieron de esta demanda un símbolo de cambio. Y que de la manera que se hizo ha conseguido cierta desmovilización, por la manera justamente en la que se presentó: el remedio a todos nuestros males.

Los derechos de las personas transexuales no están consiguiendo el mismo apoyo desde dentro del movimiento LGTBQ y esto es preocupante. Muchas organizaciones y activistas representan cierta corrección política a la hora de lucha por los derechos trans pero no están comprometidos verdaderamente con la despatologización de los derechos trans. ¿Consentiríamos las lesbianas y gays que nuestros derechos estuvieran ligados a un diagnóstico de salud mental? Se pondría el grito en el cielo y saldrían a justificar -de nuevo- que son padres y madres geniales, que tienen trabajos normales, que son decentes… No sentimos a las personas transexuales como nuestros iguales o aliados, de manera que no sólo tenemos que transformar una sociedad sino ganar como aliados a los gays y lesbianas del movimiento. Esto me parece preocupante.

Podríamos hablar también de las lesbianas de una forma similar. ¿Se lucha por los derechos de las lesbianas codo con codo con los militantes gays? ¿Se percibe como una lucha de segunda categoría? Quizás se trata también de una búsqueda de una movilización que tenga el tamaño del matrimonio gay, y claro, no la vamos a encontrar. El año de los derechos trans, de visibilidad lésbica, de la educación LGTB, de… Cada uno de estos temas son lo suficientemente importantes como para no minimizarlos en una cuestión pasajera y trabajar con profesionales y voces relevantes cada día del año, con las personas implicadas en primera persona.

El movimiento LGTBQ alternativo ha hecho un trabajo excelente este año 2009 en visibilizar un problema clave ante el cual no podemos mirar hacia otro lado y son las personas migrantes LGTBQ. Ya no se trata solo de que los gays (y puede que las lesbianas) se puedan casar y tener negocios gays, sino de mirar a nuestro alrededor y ser conscientes de las trans brasileñas prostitutas, de los y las latinoamericanas que se buscan la vida, de los chaperos marroquís… Mil vivencias que pasan por una experiencia de migración que si no se percibe como una cuestión LGTBQ no se entiende. ¿Dónde está la movilización por los derechos de asilo? ¿Las manifestaciones ante el caso de esta mujer de Camerún de 25 años que el juez pensó que no era suficientemente creíble como lesbiana por tener un hijo, ser negra y migrante? Seguimos percibiendo que estas situaciones no tienen que ver con nosotras mismas y es una cuestión del otro. Una alteridad que nos resulta incómoda y lejana.

Creo que el futuro está precisamente en tener una serie de voces distintas, una polifonía de opiniones y miradas que cree discusiones fructíferas. Que ayuden al activismo LGTBQ a ser más complejo y crear nuevas formas de demanda.

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